P ara los seres mortales, la idea de tiempo es difícil de comprender. El pasado, el presente y el futuro se revelan ante nosotros una vez que hemos iniciado el camino que Dios nos preparó en su infinito Amor.
¿Qué sucede cuando transitamos una estepa de dolor?, ¿Qué actitud natural tomamos cuando nuestra realidad se hace cuesta arriba?

Se puede tomar, quizás, como instinto de supervivencia, pero lo cierto es que cuando el presente no es favorable, el futuro se ve incierto. Nos queda, entonces, refugiarnos en el pasado.

Esta actitud no es del agrado del Señor. El pasado, lo que hemos vivido y experimentado debe servirnos como enseñanza para afrontar nuevos desafíos.
Debe ser el caldo de cultivo para maravillarnos con una nueva Bendición del Señor cada día. Solamente caminando los senderos de Dios es que podremos iluminar y ser iluminados.

¡Por supuesto que es reconfortante recordar los momentos en que fuimos felices!, nada de malo hay en ello. Pero el pasado no puede servirnos de excusa para no afrontar las vicisitudes del camino.

La dicha esta en vivirlo todo intensamente ya que la totalidad de nuestra existencia es enseñanza de Cristo. Él se encuentra a nuestro mando, presente, pasado y futuro le pertenecen al Señor.

¡Qué Bendición mas estupenda la de ser reconocidos por Dios ahora y siempre! Porque si bien el futuro puede surgir como un interrogante que nos angustia, tenemos la certeza que escalaremos la montaña más alta de la mano de nuestro Salvador.

Dios siempre nos proveerá, la renovación permanente de nuestro Corazón y nuestro Espíritu permite que caminemos sin miedos y sin mirar atrás para negar el presente. En todo caso, ese viaje al pasado será para adquirir la Sabiduría necesaria para seguir nuestro designio y para no olvidar que la misión es cumplir la tarea que Él nos ha encomendado.

Siempre tendremos una nueva oportunidad en Cristo, caminemos hacia el horizonte, hacia la luz, hacia la Misericordia y las acciones de Bien. Demostremos cuan inmenso es nuestro compromiso con Su obra.