M uchas veces nuestro orgullo o nuestro ego se pone en juego en diversas situaciones. Puede ser durante una relación laboral o en un vínculo sentimental. Nuestra individualidad interactúa con la individualidad de quienes nos rodean, conformando una estructura que se nutre y permeabiliza (o no), los sentimientos y pensamientos. ¿Quién no tuvo una pelea en el ámbito de trabajo en casa o en la pareja por temas que muchas veces nos ponen a pensar o sentir algo que nunca había emergido desde nuestro interior?
La esperanza y las dudas deben depositarse en la oración, en el diálogo con nuestro Padre Celestial para poder desterrar el miedo y la incertidumbre. Gracias al Salvador, en todos nuestros corazones se alberga la Fe en el Espíritu Santo, razón por la cual debemos estar tranquilos y tranquilas sobre nuestro destino de luz. Todos seguimos la misión que nuestro Señor ilumina de ese modo amable, humilde y paciente, siendo tolerante con aquellas personas que lo rodearon y que supieron comprender que el amor que Él tenía para cada uno de ellos era único y especial. Del mismo modo que nos ama a cada uno de sus discípulos, nosotros tendremos el deber de replicar su acción.