L a Sabiduría que necesitamos desarrollar mientras caminamos con El Señor no se adquiere de un día para el otro. Es un proceso de aprendizaje continuo con el cual debemos comprometernos para servir a los propósitos de Dios.
Por regla general, cuando decidimos transitar los caminos que El Eterno ha escrito con nuestro nombre, nos iniciamos en la Palabra y el Amor de Cristo de manera paulatina. Estos conocimientos nos van preparando para desafíos aun mayores.

Tengamos la motivación que tuvo Juan Bautista cuando en el desierto de Judea predicaba la llegada de nuestro Salvador, honrando Su Gloria, predicando Su mensaje, acercando al regazo del Señor a todo aquel que se cruzara en su camino.

De la misma manera, también nosotros podemos preparar espiritualmente a los que nos rodean para que puedan conocer a El Altísimo.
Debemos ser reflejo de la Palabra y acción de Cristo para compartirla con nuestros familiares, compañeros laborales, vecinos y conocidos.

Siempre podremos mostrar la Transformación y la Obra que Dios ha producido en nosotros. Estemos dispuestos, entonces, a difundir Su mensaje de Amor, Paz, Equilibrio e Integridad para dar cuenta de nuestra Fe inquebrantable.

Tengamos presente que nuestras acciones y nuestro ejemplo son fiel reflejo de la maravillosa historia que Cristo nos ha deparado. Y esa historia, la nuestra, la de todos los hijos de Dios, es la herramienta fundamental con la que debemos contar para que la mayor cantidad de hermanos encuentren su propia luz y abran su corazón al Perfecto Amor de El Señor.

Seamos la demostración viva de Su Sabiduría para preparar el sendero de nuestros hermanos hacia Su Mensaje de Armonía y Salvación para que se acerquen sin temores ni prejuicios a tu Poder y Misericordia.

Nunca olvides que El Señor cuenta contigo a cada momento y en todo lugar.